CECILIA URBINA
La creación literaria de una escritora
Abraham Miguel
Escritora, periodista y crítica, Cecilia Urbina es una de las figuras
literarias mexicanas que pertenece al mundo de los rebeldes. Lejos de los
grupos de crítica mexicanos y de preocuparse por pertenecer a determinadas
tendencias, su obra literaria se ha abierto camino en otras partes del mundo,
encumbrándola como una escritora de gran alcance y con un trabajo importante en
las letras de nuestro país.
¿Cómo empieza la pasión por la
literatura?
Todo escritor es ante todo un gran lector. La pasión por escribir nace
por leer. Cuando tú descubres la creación de otros mundos por medio de otros
escritores, creo que es cuando tienes el mayor estímulo para empezar a
escribir. En mi caso particular, yo estudié Letras, entonces fue el principal
camino para comenzar a escribir.
¿Leíste desde pequeña, fuiste una
lectora voraz?
Fui hija única y viví entre adultos. Mi padre fue un gran lector y
gracias a él conocí toda la obra de Julio Verne, por ejemplo. Él tenía una gran
capacidad para estimular a los niños. Leíamos y luego jugábamos a la novela.
Fueron muchos los libros que estuvieron presentes en mi infancia. Leí mucho a Julio
Verne, a Salgari, el cual ya no puedo leer, porque me parece demodé. Ya de ahí
pasas a otras cosas. Teníamos una biblioteca enorme. Gracias a ello, pude leer
toda La Comedia Humana de Balzac
cuando tenía trece años. Seguramente no entendí nada, pero los terminé.
Creces aquí en México, eres una
lectora constante desde chica y decides estudiar Letras…
Estudie Letras Inglesas , Francesas y Traducción. No estudié fuera, hice
los exámenes de la Universidad de Cambridge y de la Sorbona aquí en México.
Luego, curiosamente, dejé todo eso y me dediqué a pintar. Pasó el tiempo y, por
una casualidad de la vida, un amigo me invitó a dar clases de literatura en una
preparatoria. Y eso fue realmente lo que me trajo de regreso al mundo de la
literatura.
¿Haber estudiado literatura te
afectó de cierta manera para que tú un día dijeras: “quiero escribir”?
No lo sé, pero quizás la necesidad de crear mundos alternos viene de
leer e imaginar aventuras. Al final de cuentas, uno en el fondo siempre quiere
decir algo. En mi caso, la escritura fue la vía más adecuada.
Pasemos a tus novelas. Tienes
escritas muchas novelas con temas muy variados, desde la política hasta temas
más intimistas. ¿Cómo surgen las ideas para tus textos?
Todo viene de diferentes experiencias. Hay novelas que las concibe uno
desde el nacimiento y se sabe el final. De
noche llegan, por ejemplo, la escribí en seis meses sin cambios y sin
correcciones. Me sabía el desenlace desde que la empecé a escribir. Este fue un
caso raro, porque es una novela muy corta. Volveré
a ti es diferente. Es una novela generacional, que tiene mucho de anécdotas
autobiográficas. Como sea, siempre existen temas constantes. Un crítico
americano me hizo ver que en todas mis novelas aparecen rebeldes y selvas. No
sé por qué salen.
¿Existen escritores a los que
recurres todo el tiempo?
Depende mucho de la época. A los quince años, por ejemplo, Camus y
Sartre y Malroux se establecieron como dioses tutelares para mí. Recurro a
ellos mucho, también por las clases que imparto. Como profesora, uno siempre
enseña los libros que ama. Releo mucho a Malroux, novelas de guerra, etc. Pero
todos van cambiando, como te digo, por la época. Y recurro a ellos, más que por
técnicas narrativas, por sus conceptos. Me gustan las novelas inteligentes, más
allá de novelas de oficio y de forma.
¿Cómo es un día en la vida de una
escritora como tú? ¿Trabajas en las mañanas, en las tardes…?
Depende. Mis días de trabajo están organizados alrededor de mis clases.
Mi día ideal como escritora es levantarme temprano, ir a correr, desayunar
algo, quedarme sin bañar, en pans y trabajar así toda la mañana. Después,
pasando el mediodía, regresar a la civilización, me baño y me voy a comer con
la familia o amigos. Soy escritora matutina, necesito tiempo para concentrarme.
Pero para corregir, actividad que es muy diferente, puede ser a cualquier hora
y a ratos.
Te has dedicado muchos años a la
crítica literaria. ¿Cuál crees que sea el papel de la crítica en México, país
en el que se lee muy poco?
Actualmente me encuentro muy alejada de la crítica porque existe muy
poco. Cuando trabajé en Unomásuno, me
gustaba dar a conocer libros y entusiasmar a la gente para que leyera. Eso creo
que es importante y ya existe muy poco. Creo que el papel del crítico es
fundamental.
¿Cómo ves la problemática de la
lectura en México? ¿Por qué en México la gente no lee?
Yo creo que es un problema de casa y de educación. Considero que los
planes de estudio en las escuelas son muy inapropiados. Les dan a leer a los
niños textos clásicos que no son nada atractivos para su edad y sus intereses.
Lo que debería hacerse es despertar el interés, el gusto por leer y después
pasar a libros más complejos. También es una cuestión económica. Los libros son
muy caros. Por otro lado, hay que despertar el interés por leer y descubrir lo
que te da placer. Leer es divertido. Los argumentos moralistas, como que es
algo instructivo, bueno para ti, no sirven. El argumento más importante, creo
yo, es que debe de divertirte.
Como profesora de creación
literaria y tallerista, ¿qué consejos le darías a los jóvenes escritores en un
país como el nuestro, en donde las oportunidades de trabajo son pocas?
El problema del trabajo es algo que incide en la vida de un autor. Mi
consejo sería elegir trabajos que tengan que ver con literatura y nunca
despegarse de este mundo. Seguir en contacto con los libros y no salirse de
ahí. Y para ser escritor, lo que se debe hacer es escribir, escribir y escribir
y nunca, por nada, dejar de hacerlo.
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