lunes, 23 de marzo de 2015

Más allá de la escultura: entrevista con Katy McFadden



  
La artista trabajando en su taller de Portland, Oregon.


Por Ángeles Rodríguez

Después de varios intentos por enlazar la llamada, por fin, en la pantalla de mi computadora aparece el rostro de la artista Katy McFadden. Esta escultora y artista del grabado, originaria de Nueva Jersey, pero residente de Portland, Estados Unidos, se encuentra por concluir una visita a San Miguel de Allende con su amigo de más de 30 años, el excéntrico y pionero artista del vidrio estadounidense, Paul Marioni. McFadden, tan reconocida en la región del Pacífico Noroeste de los Estados Unidos, tiene una apariencia frágil y tranquila, que contrasta con las esculturas de cerámica a escala humana que conforman su obra. Desde la sala de la casa de Paul, Katy responde afirmativamente en inglés, con una voz dulce y la sonrisa que nunca pierde, a la pregunta de si podemos comenzar la entrevista.

P: ¿Katy, por qué no empiezas por contarnos un poco más sobre ti?, ¿qué te inspiró a convertirte en una artista?

R: Bueno, creo que en realidad casi ni fue una elección. Me atraían las artes cuando estaba en la universidad. Era estudiante de Filosofía y solía pasar por el departamento de cerámica y mientras miraba a quienes estaban ahí pensaba: “Soy estudiante de Filosofía, no puedo hacer lo que ellos hacen.  Al terminar voy a estudiar una maestría”. Sin embargo, resultó que necesitaba créditos del departamento de arte para graduarme de la universidad, así que empecé a tomar clases y a quedarme en ese departamento desde el momento que abría en la mañana, hasta que lo cerraban en la noche. Por dos años, tomé todas las clases de cerámica que pude y a partir de ahí me di cuenta de que había encontrado una pasión, la cual he perseguido toda mi vida adulta. Me siento bastante afortunada de que la oportunidad estuvo ahí para que yo la tomara.

P: ¿Fue fácil para ti abrirte paso como artista, siendo una mujer joven?

R: Podría decir que en cierta forma sí lo fue.  Y no necesariamente por mi propio esfuerzo. Fue gracias a la gente cercana a mí que me apoyó. Mucha gente me animó a seguir esta carrera, principalmente mis profesores. Mi ex-esposo amaba la idea de que yo fuera artista y su familia, todavía más. Ellos me ayudaron a instalar mi estudio y, para las primeras esculturas que realicé, mi suegra invitó a casi todos nuestros vecinos. La mayoría eran de Estonia, así que todas mis primeras piezas se vendieron el mismo día y todas ellas están en manos de estonios. Después de ese buen inicio, viajé por todo el país y trabajé con gente cuyo trabajo admiraba mucho, así que siempre he recibido mucho apoyo y aliento.

P: Un tema recurrente en tus esculturas parecen ser los 4 elementos naturales que señala el budismo (agua, tierra, fuego y aire). ¿Podrías hablar más al respecto?

R: Bueno, si miras al proceso básico de la cerámica, éste tiene que ver con la transformación de la arcilla, que viene de la tierra, que después pasa por un proceso donde el juego la ayuda a transformarla. También se necesita el aire para encender el fuego, o sea, es un proceso que tiene todo que ver con la naturaleza. Yo lo pienso como si el proceso geológico fuera escupido. Se lleva a cabo una transformación y en esa transformación hay un respecto saludable hacia estos poderes que son mayores que nosotros mismos. A veces el proceso funciona, a veces no.

P: Y además de la naturaleza, ¿qué otras cosas proveen inspiración a tu trabajo?

R: Yo soy una persona política y eso ha influenciado mucho mi trabajo. Hubo un gran cambio en mi trabajo, creo, en los noventas, cuando me enteré de todo lo que China estaba haciendo en Tíbet. Tuve la oportunidad de viajar al Tíbet y a los poblados tanto en Tíbet como en India donde vivían muchos niños tibetanos. Pude ayudar a que alrededor de 50 personas pudieran llegar a Portland, lo cual me brindó experiencia de primera mano sobre cómo funciona la opresión política en otras partes del mundo. Desde entonces me di cuenta lo importante que puede ser el arte y la fuerte que puede ser su voz cuando se habla acerca de situaciones políticas. Esto es una fuente de inspiración, que yo creo que es una voz necesaria de usar. Es una posibilidad, un vehículo para el cambio, para mejorar. Yo no soy de las que se sube a un podio y puede lograr que mil personas la sigan y participen, pero trato de contribuir de formas más sutiles, de generar un cambio positivo y voltear la atención a situaciones que existen alrededor del mundo.

P: Has realizado colaboraciones internacionales con artistas de diversos países. ¿Cómo ha contribuido esto a tu trabajo y a la forma en como tu arte se ha desarrollado?

R: Ha sido una contribución enorme que llegó, como muchas cosas en mi vida, casi por casualidad. No fue nada que yo haya salido a buscar. Un día conocí a Alejandro Santiago Ramírez, un artista de Oaxaca, y gracias a él conocí ese estado. Fui a trabajar allí varias temporadas y conocí a otros artistas como Ivonne Kennedy, quien recién había formado un grupo de mujeres artistas en Oaxaca. Como resultado de esa afiliación he seguido yendo a Oaxaca a trabajar con estas mujeres desde hace 10 años, a realizar talleres y montar exhibiciones que luego se han llevado a Alemania, Cuba, los Estados Unidos y, por supuesto, México. Ha sido una experiencia maravillosa poder compartir mi vida con personas de otras partes del mundo, compartir  los alimentos, la cocina, discutir conceptos y procesos de pensamiento, lo cual creo que  es muy importante para la gente que se encuentra en el proceso creativo debido a la situación del mundo actual.

P: Katy, si no hubieras sido artista, ¿cuál otra profesión hubieras elegido?

R: [Suelta una carcajada] Paul está aquí en la sala y me está mirando para escuchar qué respondo. Creo que probablemente sería una troublemaker[1]. Creo que nunca podría haber hecho otra cosa, así que… ¿quién sabe? El arte me apacigua, me mantiene calmada...



[1] Traducción en inglés para referirse a una "persona que causa problemas”.

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