por Juan
Tovar
¿Estamos
determinados por nuestras condiciones genéticas, sociales, políticas y
económicas como lo planteó en sus novelas Emilé Zolá? En la película cubana Conducta (exhibida actualmente en la Cineteca Nacional, México), dirigida por Ernesto Daranas, el tema del determinismo es una arteria
que no cesa de fluir. Tenemos al protagonista Chala (Armando Valdés Freire),
un joven de once años forjado entre
calle y escuela, entre peleas de perros y la crianza de palomas
mensajeras; su madre, Sonia, es adicta y no se preocupa por situaciones de hogar.
Tenemos un cosmos, la calle; otro, la primaria, allí, la maestra Carmelita (Alina Rodríguez) personaje congruente, inamovible y afectuoso imparte clases
hace más de treinta y cinco años. Sin afán de resumir la película o redactar una reseña,
invito al lector a que la vea, ya que despierta una profunda reflexión
que no se aleja de las deficiencias en el sistema educativo de varios países.
Heriberto
Yepéz decía que los problemas de violencia en México se deben a la falta de
valores en el hogar; esta frase se acopla al contexto de Chala, que está sobre
un péndulo respecto a su educación doméstica: no se sabe quién es su padre y su madre habita una realidad donde sólo alcohol y drogas son relevantes. Entonces,
Chala opta por la calle, él está consciente de sus decisiones; además, debido
al socialismo en Cuba la posibilidad de migrar queda fuera de discusión. En ese punto entra
Carmelita, ángel fiero, defiende y ayuda a todos sus alumnos sin importar quien se imponga. En Conducta hay una crítica a la educación,
a la confrontación de valores y los derechos humanos. El dilema ético es otro
tema fundamental que vemos muy presente entre Carmelita y el comité educativo.
Lo más profundo es que cualquiera que lea este artículo ha sido un niño y pensar en
retrospectiva acerca de nuestros valores es un ejercicio que nunca dejará de
ser útil. ¿Es cierto que estamos determinados y no hay opción para quebrar las
limitaciones de nuestro entono? Hoy, para muchos, ese pensamiento es una
eco, mas no una realidad, para los que sí la es, sean voz en la ruptura de sus cadenas.
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