jueves, 26 de marzo de 2015

Gómez-Pimienta: ‘La arquitectura siempre es una colaboración’

El Arquitecto Bernardo Gómez-Pimienta fue uno de los 8 invitados 
al concurso para el diseño del Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México.
Por: Emilio Alvarez

Bernardo Gómez-Pimienta, como arquitecto de los buenos, es un esteta nato. Viste de negro de lunes a viernes y de beige los días de asueto. Maestro en Arquitectura por Columbia University, Bernardo ha visto sus ideas materializadas en varias escalas: desde la Escuela Nacional de Teatro hasta el sillón IA pasando por el Hotel Habita y la casa MTY. Fundó su oficina bgp arquitectura en 2003, después de un prolífico periodo en TEN Arquitectos y hoy se consolida como uno de los 8 mejores arquitectos del país. Al observarlo esbozar sus ideas desde la pluma fuente que sujeta con cierto desenfado, es evidente que su mano está muy bien conectada con su cerebro.

-¿Gomez-Pimienta es apellido compuesto?
Sí.

-¿Cómo fue tu acercamiento con la arquitectura?
Uy…uhm. Pues mira, en mi familia no había ningún arquitecto y desde niño lo único que me interesaba era la arquitectura; así que nunca hubo dificultad de tener que seleccionar que quería hacer, era la única opción y no había otra. Empecé a visitar edificios, visitar ciudades y poco a poco irme interesando en la arquitectura. 

-Estudiaste en la Anáhuac y ahora eres director de la carrera de Arquitectura en esa universidad. ¿Cómo fue tu época de estudiante?
Antes no teníamos el edificio en el que estamos actualmente, estábamos en unas bodegas lo cual era bastante interesante porque realmente podías ‘ensuciar’ el edifico. Teníamos algunos profesores muy interesantes, por ejemplo, tome clases con Mario Pani, también estaba dando clases Legorreta y Agustín Hernández (que sigue dando clases en la Universidad). Y conociendo amigos y gente nueva con los que seguimos siendo amigos 30 años después.

-¿Qué se enseñaba en la Escuela que ahora no y viceversa?
Digamos que la parte de cómputo era inexistente. Ahora tenemos el FabLab y todo se hace de manera digital. En esa época teníamos que estar dibujando todo, incluso teníamos clases de acuarela. 

-Que ahora no existen…
Tendríamos que volverlas a retomar, eran buenísimas. Y había profesores muy buenos. Gente que había estudiado en la Academia de San Carlos como Mendiola, el arquitecto de la Fuente de Petróleos y la Catedral de Toluca.

-Además de diseñar museos, edificios y casas; y participar en los concursos de arquitectura más importantes a nivel nacional, diseñas muebles... ¿Cómo comenzaste con los muebles?
Pues era muy fácil. En esa época el país estaba cerrado a las importaciones, entonces no había ninguna marca internacional de muebles. El mercado estaba sumamente limitado. Ahora vas a Masaryk o cualquier lugar de la Ciudad de México y tienes muchísimas empresas que venden muebles extranjeros: desde Vitra, hasta la que se te ocurra. En esa época no había, entonces si querías un mueble especial lo tenías que diseñar. Eso me llevo a diseñar primero sillas y mesas empezando primero con los herreros y los carpinteros en la obra. Nos tomaba hasta un año para fabricar un mueble, teníamos que perseguir a los maestros para hacer uno, dos, tres y hasta cinco prototipos. Entonces claro que le interesaba más colocar las viguetas en la casa o el edificio que hacer el prototipo de una silla 5 veces.

-¿Cuál fue el primero que diseñaste?
De eso no me acuerdo, pero eran sillas y mesas. La falta de opciones fue la que me llevo a ponerme a diseñar.

-Pero sigues diseñando muebles aún con la oferta de las marcas extranjeras…
Al final es la misma disciplina. Hacer un edificio y hacer una silla es exactamente lo mismo. Con 6 piezas haces un mueble y con 6000 haces un edificio. Es la misma manera de pensar. Los arquitectos antes siempre diseñaban mobiliario.

-Y no solo has diseñado mobiliario… ¿Cómo bautizas tus piezas de diseño?
Varía. En algunos casos tiene que ver con el nombre del cliente; en otros casos son islas; a veces son estrellas, que en el fondo son muy parecidas a las islas: son puntos rodeados de nada. Esto al final tiene mucho que ver con el mobiliario: es una pieza que puedes cambiar de lugar y está en medio de nada. 

-Tú diseñaste el proyecto de regeneración de la Avenida Masaryk.
El proyecto lo diseñamos todos. La arquitectura siempre es una colaboración, nunca es una sola persona, creo que eso es muy importante de mencionar.

-Más que un proyecto parece ser un detonante para que algo suceda...
Masaryk es un proyecto urbano, un proyecto muy complejo porque en lugar de tener uno tienes 200 clientes que al final todos se convierten en especialistas y todos tienen sus ideas preconcebidas. Es una buena oportunidad para demostrar que la ciudad se puede mejorar y no solo deteriorarse. Efectivamente es como el fondo para que sucedan otras actividades.

-Por ejemplo…
Que haya restaurantes, que haya tiendas, que la gente pueda pasear, que haya turismo, que puedas pasear a alguien en silla de ruedas y que gente con discapacidades también pueda caminar sin ningún obstáculo. En fin, que la ciudad sea utilizable para todos; que el espacio público sea eso: Espacio Público.

-Concursaste para construir el Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México.
Fuimos nada más 8 invitados en todo el país. Fue un proceso muy llamativo ¿Cómo diseñar uno de los 4 aeropuertos más grandes del mundo? Es un programa sumamente complejo. La seguridad cada vez es más estricta; los controles que se tienen actualmente son obsoletos y se podrían evitar con nuevas tecnologías que no se han incorporado en ningún país; los flujos de gente son tales que tienen una dinámica muy particular. El proyecto también está planeado para ser un detonante. Esta zona es una de las más desaprovechadas de la ciudad. Aprendimos mucho, y como en todos los concursos uno gana y los demás perdemos. 

-¿Qué opinas del proyecto ganador?
Que está muy interesante y que bueno que esté Foster ahí metido. La información que hemos visto tampoco es demasiada. Es un terreno con muchas complejidades: el subsuelo es sumamente complejo; se inunda 20cms por año; es una zona desconectada del tejido urbano. Se tendrán que hacer muchas cosas para que el edificio funcione: desde obra hidráulica hasta transporte público y vías de acceso.

-¿Qué piensas de su trabajo?
Tiene muy buenos aeropuertos construidos.

-Peter Cook escribió que tu arquitectura es cool y nunca tediosa…
Suena bien. Si lo dijo Cook, suena bueno.

-Tienes una colección extensa de libretas con tus dibujos…
Alguna que otra… creo que estoy en la 126.

-¿Qué dibujas?
La gran mayoría son cosas de la vida diaria, lo que pasa en los proyectos o en la obra. Tengo 20 libretas de viaje. Libretas de recorrido por diferentes países o ciudades donde en lugar de tomar una foto que ni siquiera volteas a ver; tienes que analizar, trazar lo que tienes frente a ti y hacer un trabajo de síntesis y de reflexión. Al final acabas reconociendo a ritmo las proporciones y los materiales y te fuerza realmente a estudiarlo y a verlo un poco mejor.
Mapas, edificios, objetos y platos de comida entre sus dibujos de viajes.

Conoce su trabajo en: www.bgp.com.mx


lunes, 23 de marzo de 2015

Más allá de la escultura: entrevista con Katy McFadden



  
La artista trabajando en su taller de Portland, Oregon.


Por Ángeles Rodríguez

Después de varios intentos por enlazar la llamada, por fin, en la pantalla de mi computadora aparece el rostro de la artista Katy McFadden. Esta escultora y artista del grabado, originaria de Nueva Jersey, pero residente de Portland, Estados Unidos, se encuentra por concluir una visita a San Miguel de Allende con su amigo de más de 30 años, el excéntrico y pionero artista del vidrio estadounidense, Paul Marioni. McFadden, tan reconocida en la región del Pacífico Noroeste de los Estados Unidos, tiene una apariencia frágil y tranquila, que contrasta con las esculturas de cerámica a escala humana que conforman su obra. Desde la sala de la casa de Paul, Katy responde afirmativamente en inglés, con una voz dulce y la sonrisa que nunca pierde, a la pregunta de si podemos comenzar la entrevista.

P: ¿Katy, por qué no empiezas por contarnos un poco más sobre ti?, ¿qué te inspiró a convertirte en una artista?

R: Bueno, creo que en realidad casi ni fue una elección. Me atraían las artes cuando estaba en la universidad. Era estudiante de Filosofía y solía pasar por el departamento de cerámica y mientras miraba a quienes estaban ahí pensaba: “Soy estudiante de Filosofía, no puedo hacer lo que ellos hacen.  Al terminar voy a estudiar una maestría”. Sin embargo, resultó que necesitaba créditos del departamento de arte para graduarme de la universidad, así que empecé a tomar clases y a quedarme en ese departamento desde el momento que abría en la mañana, hasta que lo cerraban en la noche. Por dos años, tomé todas las clases de cerámica que pude y a partir de ahí me di cuenta de que había encontrado una pasión, la cual he perseguido toda mi vida adulta. Me siento bastante afortunada de que la oportunidad estuvo ahí para que yo la tomara.

P: ¿Fue fácil para ti abrirte paso como artista, siendo una mujer joven?

R: Podría decir que en cierta forma sí lo fue.  Y no necesariamente por mi propio esfuerzo. Fue gracias a la gente cercana a mí que me apoyó. Mucha gente me animó a seguir esta carrera, principalmente mis profesores. Mi ex-esposo amaba la idea de que yo fuera artista y su familia, todavía más. Ellos me ayudaron a instalar mi estudio y, para las primeras esculturas que realicé, mi suegra invitó a casi todos nuestros vecinos. La mayoría eran de Estonia, así que todas mis primeras piezas se vendieron el mismo día y todas ellas están en manos de estonios. Después de ese buen inicio, viajé por todo el país y trabajé con gente cuyo trabajo admiraba mucho, así que siempre he recibido mucho apoyo y aliento.

P: Un tema recurrente en tus esculturas parecen ser los 4 elementos naturales que señala el budismo (agua, tierra, fuego y aire). ¿Podrías hablar más al respecto?

R: Bueno, si miras al proceso básico de la cerámica, éste tiene que ver con la transformación de la arcilla, que viene de la tierra, que después pasa por un proceso donde el juego la ayuda a transformarla. También se necesita el aire para encender el fuego, o sea, es un proceso que tiene todo que ver con la naturaleza. Yo lo pienso como si el proceso geológico fuera escupido. Se lleva a cabo una transformación y en esa transformación hay un respecto saludable hacia estos poderes que son mayores que nosotros mismos. A veces el proceso funciona, a veces no.

P: Y además de la naturaleza, ¿qué otras cosas proveen inspiración a tu trabajo?

R: Yo soy una persona política y eso ha influenciado mucho mi trabajo. Hubo un gran cambio en mi trabajo, creo, en los noventas, cuando me enteré de todo lo que China estaba haciendo en Tíbet. Tuve la oportunidad de viajar al Tíbet y a los poblados tanto en Tíbet como en India donde vivían muchos niños tibetanos. Pude ayudar a que alrededor de 50 personas pudieran llegar a Portland, lo cual me brindó experiencia de primera mano sobre cómo funciona la opresión política en otras partes del mundo. Desde entonces me di cuenta lo importante que puede ser el arte y la fuerte que puede ser su voz cuando se habla acerca de situaciones políticas. Esto es una fuente de inspiración, que yo creo que es una voz necesaria de usar. Es una posibilidad, un vehículo para el cambio, para mejorar. Yo no soy de las que se sube a un podio y puede lograr que mil personas la sigan y participen, pero trato de contribuir de formas más sutiles, de generar un cambio positivo y voltear la atención a situaciones que existen alrededor del mundo.

P: Has realizado colaboraciones internacionales con artistas de diversos países. ¿Cómo ha contribuido esto a tu trabajo y a la forma en como tu arte se ha desarrollado?

R: Ha sido una contribución enorme que llegó, como muchas cosas en mi vida, casi por casualidad. No fue nada que yo haya salido a buscar. Un día conocí a Alejandro Santiago Ramírez, un artista de Oaxaca, y gracias a él conocí ese estado. Fui a trabajar allí varias temporadas y conocí a otros artistas como Ivonne Kennedy, quien recién había formado un grupo de mujeres artistas en Oaxaca. Como resultado de esa afiliación he seguido yendo a Oaxaca a trabajar con estas mujeres desde hace 10 años, a realizar talleres y montar exhibiciones que luego se han llevado a Alemania, Cuba, los Estados Unidos y, por supuesto, México. Ha sido una experiencia maravillosa poder compartir mi vida con personas de otras partes del mundo, compartir  los alimentos, la cocina, discutir conceptos y procesos de pensamiento, lo cual creo que  es muy importante para la gente que se encuentra en el proceso creativo debido a la situación del mundo actual.

P: Katy, si no hubieras sido artista, ¿cuál otra profesión hubieras elegido?

R: [Suelta una carcajada] Paul está aquí en la sala y me está mirando para escuchar qué respondo. Creo que probablemente sería una troublemaker[1]. Creo que nunca podría haber hecho otra cosa, así que… ¿quién sabe? El arte me apacigua, me mantiene calmada...



[1] Traducción en inglés para referirse a una "persona que causa problemas”.

Cecilia Urbina: la creación literaria de una escritora



CECILIA URBINA

La creación literaria de una escritora


Abraham Miguel


Escritora, periodista y crítica, Cecilia Urbina es una de las figuras literarias mexicanas que pertenece al mundo de los rebeldes. Lejos de los grupos de crítica mexicanos y de preocuparse por pertenecer a determinadas tendencias, su obra literaria se ha abierto camino en otras partes del mundo, encumbrándola como una escritora de gran alcance y con un trabajo importante en las letras de nuestro país.

¿Cómo empieza la pasión por la literatura?
Todo escritor es ante todo un gran lector. La pasión por escribir nace por leer. Cuando tú descubres la creación de otros mundos por medio de otros escritores, creo que es cuando tienes el mayor estímulo para empezar a escribir. En mi caso particular, yo estudié Letras, entonces fue el principal camino para comenzar a escribir.

¿Leíste desde pequeña, fuiste una lectora voraz?
Fui hija única y viví entre adultos. Mi padre fue un gran lector y gracias a él conocí toda la obra de Julio Verne, por ejemplo. Él tenía una gran capacidad para estimular a los niños. Leíamos y luego jugábamos a la novela. Fueron muchos los libros que estuvieron presentes en mi infancia. Leí mucho a Julio Verne, a Salgari, el cual ya no puedo leer, porque me parece demodé. Ya de ahí pasas a otras cosas. Teníamos una biblioteca enorme. Gracias a ello, pude leer toda La Comedia Humana de Balzac cuando tenía trece años. Seguramente no entendí nada, pero los terminé.

Creces aquí en México, eres una lectora constante desde chica y decides estudiar Letras…
Estudie Letras Inglesas , Francesas y Traducción. No estudié fuera, hice los exámenes de la Universidad de Cambridge y de la Sorbona aquí en México. Luego, curiosamente, dejé todo eso y me dediqué a pintar. Pasó el tiempo y, por una casualidad de la vida, un amigo me invitó a dar clases de literatura en una preparatoria. Y eso fue realmente lo que me trajo de regreso al mundo de la literatura.

¿Haber estudiado literatura te afectó de cierta manera para que tú un día dijeras: “quiero escribir”?
No lo sé, pero quizás la necesidad de crear mundos alternos viene de leer e imaginar aventuras. Al final de cuentas, uno en el fondo siempre quiere decir algo. En mi caso, la escritura fue la vía más adecuada.

Pasemos a tus novelas. Tienes escritas muchas novelas con temas muy variados, desde la política hasta temas más intimistas. ¿Cómo surgen las ideas para tus textos?
Todo viene de diferentes experiencias. Hay novelas que las concibe uno desde el nacimiento y se sabe el final. De noche llegan, por ejemplo, la escribí en seis meses sin cambios y sin correcciones. Me sabía el desenlace desde que la empecé a escribir. Este fue un caso raro, porque es una novela muy corta. Volveré a ti es diferente. Es una novela generacional, que tiene mucho de anécdotas autobiográficas. Como sea, siempre existen temas constantes. Un crítico americano me hizo ver que en todas mis novelas aparecen rebeldes y selvas. No sé por qué salen.


¿Existen escritores a los que recurres todo el tiempo?
Depende mucho de la época. A los quince años, por ejemplo, Camus y Sartre y Malroux se establecieron como dioses tutelares para mí. Recurro a ellos mucho, también por las clases que imparto. Como profesora, uno siempre enseña los libros que ama. Releo mucho a Malroux, novelas de guerra, etc. Pero todos van cambiando, como te digo, por la época. Y recurro a ellos, más que por técnicas narrativas, por sus conceptos. Me gustan las novelas inteligentes, más allá de novelas de oficio y de forma.

¿Cómo es un día en la vida de una escritora como tú? ¿Trabajas en las mañanas, en las tardes…?
Depende. Mis días de trabajo están organizados alrededor de mis clases. Mi día ideal como escritora es levantarme temprano, ir a correr, desayunar algo, quedarme sin bañar, en pans y trabajar así toda la mañana. Después, pasando el mediodía, regresar a la civilización, me baño y me voy a comer con la familia o amigos. Soy escritora matutina, necesito tiempo para concentrarme. Pero para corregir, actividad que es muy diferente, puede ser a cualquier hora y a ratos.

Te has dedicado muchos años a la crítica literaria. ¿Cuál crees que sea el papel de la crítica en México, país en el que se lee muy poco?
Actualmente me encuentro muy alejada de la crítica porque existe muy poco. Cuando trabajé en Unomásuno, me gustaba dar a conocer libros y entusiasmar a la gente para que leyera. Eso creo que es importante y ya existe muy poco. Creo que el papel del crítico es fundamental.

¿Cómo ves la problemática de la lectura en México? ¿Por qué en México la gente no lee?
Yo creo que es un problema de casa y de educación. Considero que los planes de estudio en las escuelas son muy inapropiados. Les dan a leer a los niños textos clásicos que no son nada atractivos para su edad y sus intereses. Lo que debería hacerse es despertar el interés, el gusto por leer y después pasar a libros más complejos. También es una cuestión económica. Los libros son muy caros. Por otro lado, hay que despertar el interés por leer y descubrir lo que te da placer. Leer es divertido. Los argumentos moralistas, como que es algo instructivo, bueno para ti, no sirven. El argumento más importante, creo yo, es que debe de divertirte.

Como profesora de creación literaria y tallerista, ¿qué consejos le darías a los jóvenes escritores en un país como el nuestro, en donde las oportunidades de trabajo son pocas?

El problema del trabajo es algo que incide en la vida de un autor. Mi consejo sería elegir trabajos que tengan que ver con literatura y nunca despegarse de este mundo. Seguir en contacto con los libros y no salirse de ahí. Y para ser escritor, lo que se debe hacer es escribir, escribir y escribir y nunca, por nada, dejar de hacerlo. 

La iglesia de la revolución: una entrevista con Armando Lampe

La iglesia de la revolución
Una entrevista con Armando Lampe: una perspectiva profunda de la Teología de la Liberación en América Latina Por Juan Pablo Ramos

Entrevistamos a Armando Lampe, doctor en Teología, exsacerdote y activista social de Aruba. Lampe se inició como teólogo, luego como sociólogo, académico y político. Hace unos años, su obispo le retiró sus cargos pastorales porque creía que Lampe predicaba una teología que no iba de acuerdo con la iglesia: la teología de la liberación, la cual propone que la lectura de las sagradas escrituras poseen una carga política que debe ser usada para favorecer a los pobres. Sus dos vocaciones, la religiosa y la política, quedaron suspendidas debido a conflictos políticos  en Aruba, por lo que incluso estuvo encarcelado y luego tuvo que salirse de la isla. En el año 2013 le retiraron sus derechos como sacerdote. Este año Lampe continuará con su labor de activista, y publicará en la revista Secuencia una investigación sobre el sacerdote insurgente mexicano José María Cos. Asimismo, participará este año en el Congreso Internacional de Teología. Conversamos sobre su amplia trayectoria, su pensamiento y el rol de la Teología de la Liberación.

Tuviste una formación inicial en la iglesia, ¿qué te condujo hacia ese camino?
A.L. Cuando estaba en la preparatoria empecé a estudiar a Camilo Torres. Él fue un sacerdote colombiano, teólogo y sociólogo. En dado momento se unió a la guerrilla colombiana y falleció en la batalla. Me llamó la atención cómo un sacerdote se compromete hasta el extremo de dejar todo para luchar por una sociedad más justa. Cabe mencionar que él provenía de una familia aristocrática. Se puede decir que todos los adolescentes tenemos un ídolo. Él fue el mío. 
"La violencia, venga de donde venga, tiene consecuencias fatales."

¿Ya desde entonces sabías que había una carga política en tu oficio de sacerdote?
A.L. En cierto sentido sí, aunque yo no tenía idea de hasta dónde me llevaría el sacerdocio. Yo era muy buen estudiante. Mi familia pensaba que yo sería médico o abogado, que tendría una trayectoria exitosa. Pero yo quería hacer algo con mi vida que fuera para servir al prójimo. Obras de bondad. No necesariamente una carrera lucrativa.

En tu libro de 1996, ¿Guerra justa o paz justa?, vemos cómo la Teología de la Liberación elabora su discurso mediante la recuperación de hechos históricos. Así, Fray Bartolomé de las Casas, Monseñor Óscar Romero y el EZLN conviven en el libro. ¿Cuál es el peso de la memoria histórica dentro de la Teología de la Liberación?
A.L. La violencia como fenómeno siempre me ha llamado la atención. Por escribí ese libro que trata de distintas épocas. Los cristeros utilizan también el concepto de la guerra justa que justifica levantarse en armas contra un gobierno anticatólico. En Nicaragua los cristianos, los sandinistas, usaron el concepto para levantarse en armas contra la dictadura de Somoza por razones ético-cristianas. Lo que me sorprendió fue que, con el EZLN, surge otro concepto que yo llamo paz justa. La guerrilla zapatista se puede definir como una guerrilla pacifista porque no dispararon ni una bala. Tenían sus armas para la propaganda.

Llegas incluso a hablar de una sacralización de las armas en el EZLN…
A.L. Sí, en el sentido de que la única vía para establecer una vía justa sería por medio de las armas. La violencia, venga de donde venga, tiene consecuencias fatales. Lo que se llama espiral de violencia. Y se entra en una dinámica sin sentido. La meta no es la guerra justa, sino llegar a la paz justa. Monseñor Romero, por ejemplo, fue asesinado el 24 de marzo de 1980, siendo arzobispo de El Salvador, por ser una voz crítica contra el gobierno militar. Romero denunció los abusos a los derechos humanos, como aquí ocurrió con los normalistas. Él hacía eso todos los domingos en misa. Después se señaló que el fundador del partido ARENA, Roberto d’Aubuisson, quien después gobernó El Salvador, fue el responsable del asesinato. Cuando Romero hacía una misa en el altar le dispararon. Fue un hecho insólito porque en la historia de la iglesia, por primera vez, un mártir muere en el altar, oficiando. Él simbolizó esa iglesia latinoamericana de la liberación, de acción preferencial por los pobres. Mientras estuvo el Papa Benedicto XVI, el Vaticano bloqueó su beatificación. Cuando uno muere como mártir, no se necesitan milagros para ser beatificado, pues diste tu vida por la causa. Pero Benedicto bloqueó esto. Estaba en contra de la Teología de la Liberación. Pensaba que el comunismo se iba a establecer en Latinoamérica; el Vaticano tenía miedo.

¿Qué posición tiene actualmente la iglesia sobre la Teología de la Liberación?
A.L. Hubo un cambio drástico en la coyuntura de la iglesia. El Papa Francisco, que conoce la situación de América Latina, sabe que no hay peligro en el comunismo. La lucha es contra la desigualdad social. Él desbloqueó el proceso de canonización de Monseñor Romero. Gracias a él, el 23 de mayo, se va a beatificar a Monseñor Romero en El Vaticano, entre más de un millón de fieles. Es un triunfo, sin duda, para todos los que estamos en esta línea de la Teología de la Liberación; es como si por fin la iglesia nos reconociera y admitiera que no estábamos equivocados, ni que fuimos heréticos ni anticatólicos.

¿Hacia dónde crees que se dirigiría, a partir de esto, el pensamiento de la Teología de la Liberación?
A.L. El discurso de la Teología de la Liberación sigue vigente. Surgió por la pobreza inhumana en América Latina. Porque es una vergüenza moral y cristiana aceptar esa realidad en la que tantos humanos viven en condiciones indignas. Y puede ser más vigente ahora que cada vez hay pobres más pobres. Hay que seguir luchando este 2015 para combatir la desigualdad social y la pobreza. El obispo de Brasil, Don Hélder Câmara, dice: si doy pan a los pobres, me llaman santo, pero si pregunto por qué son pobres, me llaman comunista. Él sigue siendo un ejemplo para la iglesia: no de solo ser caritativo, sino también de cuestionar el sistema que produce tanta pobreza.
"La beatificación de Óscar Romero es un triunfo para todos los que estamos la Teología de la Liberación."
Sin embargo, hace poco leí, creo que en un libro de Heinrich Böll, una idea muy polémica que sostiene que la iglesia necesita de los pobres porque, al ayudarlos, se perpetúa la caridad. ¿Cuál sería tu posición al respecto?
A.L. Desafortunadamente hay dos caras de la Iglesia. Una que sólo busca los derechos de la institución para subsistir como institución eclesiástica. Otra, en la que ciertos representantes buscan los derechos humanos, y no los de la institución; y a veces están en pugna. Tiene razón este autor al insinuar que existe lo que llamamos una historia criminal de la Iglesia, una que no mira al pueblo y busca riquezas. Pero también existen personas como Monseñor Romero que no buscan los privilegios de la Iglesia.

En ese sentido, una postura como la de Romero puede resultar amenazante. ¿Admitirías que hay una querella entre ambos lados?
A.L. Hay una tensión, sí. Eso se nota en los comunicados del Papa Juan Pablo II. Ahí se buscaba el prestigio de la iglesia. Por ejemplo, el caso de la pederastia. Cómo lo manejaron. No les importó los derechos de los niños, sino cómo la imagen podía salvar su imagen. Trataron de callarlo. No hubo transparencia. No quisieron denunciar a los clérigos porque esto dañaría su imagen. Ahora con el Papa Francisco, parece haber un equilibrio, pues él pone más atención a los derechos humanos que a la imagen de la iglesia.

Hoy por hoy, ¿qué otras figuras de la Teología de la Liberación admiras? Como leí en tu libro, son voces que le dan voz a los que no tienen voz; pero, paradójicamente, a estas voces tampoco se les da una voz.
Ernesto Cardenal es una figura que mediante la poesía da su mensaje. Pude conversar con él el año pasado, y compartimos una misma situación. Él, siendo ministro en 1984, se volvió famoso porque, cuando el Papa Juan Pablo II llegó a visitar Nicaragua, el pontífice saludó a todo el gabinete, pero cuando llegó ante Cardenal, y el poeta quiso arrodillarse ante el Papa y darle la mano, el Papa no quiso. El Papa le dijo: debes arreglar tu situación con la iglesia. Desde entonces lo sancionaron y no puede oficiar misa. Él es una figura que me inspira. Su voz sin duda se escucha por la importancia de su poesía.

Como Cardenal, tampoco estás oficiando, ¿cómo te sientes al respecto?
Lo que más me gustaba era predicar. Cuando se me quita eso, para mí fue un golpe muy duro. Tengo que aceptar esa realidad. Lo he vivido como un castigo doloroso.

Sin embargo, es ahí cuando tu fe adquiere un papel importante....

Sí, porque la figura de Jesús es mi referencia en mi vida de fe. Él mismo terminó derrotado en la cruz. Él perdió la batalla en contra del imperio romano. La pérdida y la derrota fueron parte de su vida. Esto me anima. Me digo: si estoy siguiendo su ejemplo, debo pasar por la misma situación. 


Claudio Ruanova: 153 exposiciones

Este pintor mexicano demuestra su talento por medio de la acuarela, “la ciencia de los perfectos”.
Por Fabio Zesati Villarreal

Claudio Ruanova lleva más de 30 años como pintor de acuarelas. Autodidacta, ha presentado sus obras en más de 60 presentaciones, algunos incluso fuera del país. Cuando habló en esta entrevista, enseñó simples pensamientos sobre el arte y el trabajo del artista.

“La pintura sólo tiene dos caminos: me gusta o no me gusta, lo puedo pagar o no puedo pagarla,” dijo Claudio en una corta, pero informativa visión de su trabajo como pintor con cierta costumbre laboral.

Hablando sobre la crítica a compañeros pintores, explicó: “No es ético de mi parte juzgar, porque ¿quién eres tú para juzgar? Y con la mala vibra que juzgaste tú, te van a juzgar también y te van a hacer pedazos.” Ruanova, después, continuó diciendo que el empeño del pintor y de toda persona recae en buscar la verdad y en diferenciar el gusto con el desarrollo artístico.


“La pintura sólo tiene dos caminos: me gusta o no me gusta,
lo puedo pagar o no puedo pagarla.”
El pintor de pelo blanco recalcó que “estas pinturas no son para muebles” para hablar un poco acerca de la ignorancia presente en el país sobre la pintura, pero de inmediato admite una posición modesta: “El artista casi no hace los cambios; los acepta. Ahorita con lo que hicieron con la economía, ¿yo que puedo hacer más que aventar madres y repudiar? ¿Me van a hacer caso?”

Al final de la entrevista, enseñó una obra a un par de clientes: un paisaje forestal que cambia de ambiente si se pone en la luz y en la sombra. Habló de la calidad de sus obras y de cómo otro paisaje suyo en el bosque es “Chapultepec sin las bancas de cemento.” Con una lupa, les indicó ciertos detalles en las pinturas. Cuando le preguntaron por el precio por una de ellas, él les respondió que cuesta veinticinco mil.


“…Estás pinturas no son para muebles.”
Cada domingo se puede localizar a Claudio Ruanova, junto con muchos más pintores y equipos de pintura, en el parque Sullivan cerca del Monumento a la Madre de la Ciudad de México. Acaban de clausurar sus exposiciones en el Museo de la Ciudad de México y en el de la Acuarela en Coyoacán, pero abrirán otra exposición en Italia el 22 de abril.

miércoles, 18 de marzo de 2015

Los escondidos de Cuitláhuac


"En el modo de agarrar el taco, se conoce al que es tragón",
Los tacos con las salsas más ricas de Boturini, por Luna Beltrán.



Cuitláhuac, Lorenzo Boturini, Ciudad de México.
Foto: Luna Beltrán.


Los tacos preferidos de policías, oficinistas y obreros, están sobre la calle de Cuitláhuac en la colonia Lorenzo Boturini a una cuadra de la estación de trolebús La Viga, son de bisteck, de pollo, de chuleta, longaniza, huevo con nopales, etc., nos dicen María Virginia Santos González y Evodio Munguía  que comenzaron hace más de 15 años a vender comida y ahora se dan el lujo de vender cerca de su casa. Evodio, por su parte, vende jugos y en ello encuentra un trabajo digno, después de que nadie quisiera contratarlo por una operación de corazón. Los jugos se venden bien, sobre todo el de naranja, dice limpiando con prisa el puesto.

Después de una  operación de corazón, su salida fue vender comida.
Don Evodio Munguía.

Los tacos son una tradición cuando las mujeres de los campesinos buscaban la forma de que éstos llevaran de una manera práctica sus alimentos hasta las tierras de labranza.  Y hasta la fecha siguen siendo prácticos y deliciosos, además de nutritivos; en la ciudad es difícil encontrarlos por la mañana pero la pareja Munguía tiene su puesto a disposición desde las 6:00am, hasta las 16:00, de lunes a domingo.
 
"Ya ni recuerdo las historias, porque siempre ando a las carreras"
Doña María Virginia Santos González.
 Así que si estas por el mercado de jamaica, la merced o circunvalación puedes hacer una parada y probar estos deliciosos tacos por quince pesos.