| El Arquitecto Bernardo Gómez-Pimienta fue uno de los 8 invitados al concurso para el diseño del Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México. |
-¿Gomez-Pimienta es apellido compuesto?
Sí.
-¿Cómo fue tu acercamiento con la arquitectura?
Uy…uhm. Pues mira, en mi familia no había ningún arquitecto y desde niño lo único que me interesaba era la arquitectura; así que nunca hubo dificultad de tener que seleccionar que quería hacer, era la única opción y no había otra. Empecé a visitar edificios, visitar ciudades y poco a poco irme interesando en la arquitectura.
-Estudiaste en la Anáhuac y ahora eres director de la carrera de Arquitectura en esa universidad. ¿Cómo fue tu época de estudiante?
Antes no teníamos el edificio en el que estamos actualmente, estábamos en unas bodegas lo cual era bastante interesante porque realmente podías ‘ensuciar’ el edifico. Teníamos algunos profesores muy interesantes, por ejemplo, tome clases con Mario Pani, también estaba dando clases Legorreta y Agustín Hernández (que sigue dando clases en la Universidad). Y conociendo amigos y gente nueva con los que seguimos siendo amigos 30 años después.
-¿Qué se enseñaba en la Escuela que ahora no y viceversa?
Digamos que la parte de cómputo era inexistente. Ahora tenemos el FabLab y todo se hace de manera digital. En esa época teníamos que estar dibujando todo, incluso teníamos clases de acuarela.
-Que ahora no existen…
Tendríamos que volverlas a retomar, eran buenísimas. Y había profesores muy buenos. Gente que había estudiado en la Academia de San Carlos como Mendiola, el arquitecto de la Fuente de Petróleos y la Catedral de Toluca.
-Además de diseñar museos, edificios y casas; y participar en los concursos de arquitectura más importantes a nivel nacional, diseñas muebles... ¿Cómo comenzaste con los muebles?
Pues era muy fácil. En esa época el país estaba cerrado a las importaciones, entonces no había ninguna marca internacional de muebles. El mercado estaba sumamente limitado. Ahora vas a Masaryk o cualquier lugar de la Ciudad de México y tienes muchísimas empresas que venden muebles extranjeros: desde Vitra, hasta la que se te ocurra. En esa época no había, entonces si querías un mueble especial lo tenías que diseñar. Eso me llevo a diseñar primero sillas y mesas empezando primero con los herreros y los carpinteros en la obra. Nos tomaba hasta un año para fabricar un mueble, teníamos que perseguir a los maestros para hacer uno, dos, tres y hasta cinco prototipos. Entonces claro que le interesaba más colocar las viguetas en la casa o el edificio que hacer el prototipo de una silla 5 veces.
-¿Cuál fue el primero que diseñaste?
De eso no me acuerdo, pero eran sillas y mesas. La falta de opciones fue la que me llevo a ponerme a diseñar.
-Pero sigues diseñando muebles aún con la oferta de las marcas extranjeras…
Al final es la misma disciplina. Hacer un edificio y hacer una silla es exactamente lo mismo. Con 6 piezas haces un mueble y con 6000 haces un edificio. Es la misma manera de pensar. Los arquitectos antes siempre diseñaban mobiliario.
-Y no solo has diseñado mobiliario… ¿Cómo bautizas tus piezas de diseño?
Varía. En algunos casos tiene que ver con el nombre del cliente; en otros casos son islas; a veces son estrellas, que en el fondo son muy parecidas a las islas: son puntos rodeados de nada. Esto al final tiene mucho que ver con el mobiliario: es una pieza que puedes cambiar de lugar y está en medio de nada.
-Tú diseñaste el proyecto de regeneración de la Avenida Masaryk.
El proyecto lo diseñamos todos. La arquitectura siempre es una colaboración, nunca es una sola persona, creo que eso es muy importante de mencionar.
-Más que un proyecto parece ser un detonante para que algo suceda...
Masaryk es un proyecto urbano, un proyecto muy complejo porque en lugar de tener uno tienes 200 clientes que al final todos se convierten en especialistas y todos tienen sus ideas preconcebidas. Es una buena oportunidad para demostrar que la ciudad se puede mejorar y no solo deteriorarse. Efectivamente es como el fondo para que sucedan otras actividades.
-Por ejemplo…
Que haya restaurantes, que haya tiendas, que la gente pueda pasear, que haya turismo, que puedas pasear a alguien en silla de ruedas y que gente con discapacidades también pueda caminar sin ningún obstáculo. En fin, que la ciudad sea utilizable para todos; que el espacio público sea eso: Espacio Público.
-Concursaste para construir el Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México.
Fuimos nada más 8 invitados en todo el país. Fue un proceso muy llamativo ¿Cómo diseñar uno de los 4 aeropuertos más grandes del mundo? Es un programa sumamente complejo. La seguridad cada vez es más estricta; los controles que se tienen actualmente son obsoletos y se podrían evitar con nuevas tecnologías que no se han incorporado en ningún país; los flujos de gente son tales que tienen una dinámica muy particular. El proyecto también está planeado para ser un detonante. Esta zona es una de las más desaprovechadas de la ciudad. Aprendimos mucho, y como en todos los concursos uno gana y los demás perdemos.
-¿Qué opinas del proyecto ganador?
Que está muy interesante y que bueno que esté Foster ahí metido. La información que hemos visto tampoco es demasiada. Es un terreno con muchas complejidades: el subsuelo es sumamente complejo; se inunda 20cms por año; es una zona desconectada del tejido urbano. Se tendrán que hacer muchas cosas para que el edificio funcione: desde obra hidráulica hasta transporte público y vías de acceso.
-¿Qué piensas de su trabajo?
Tiene muy buenos aeropuertos construidos.
-Peter Cook escribió que tu arquitectura es cool y nunca tediosa…
Suena bien. Si lo dijo Cook, suena bueno.
-Tienes una colección extensa de libretas con tus dibujos…
Alguna que otra… creo que estoy en la 126.
-¿Qué dibujas?
La gran mayoría son cosas de la vida diaria, lo que pasa en los proyectos o en la obra. Tengo 20 libretas de viaje. Libretas de recorrido por diferentes países o ciudades donde en lugar de tomar una foto que ni siquiera volteas a ver; tienes que analizar, trazar lo que tienes frente a ti y hacer un trabajo de síntesis y de reflexión. Al final acabas reconociendo a ritmo las proporciones y los materiales y te fuerza realmente a estudiarlo y a verlo un poco mejor.
| Mapas, edificios, objetos y platos de comida entre sus dibujos de viajes. |




